Joludi Blog

Ene 15
Desamortización.
Comentamos Marta y yo una carta abierta que la prebostilla saliente ha dirigido a todos sus paisanos (bueno, a una parte minoritaria de ellos, mas bien).
A Marta le han extrañado algunos pasajes del texto y en concreto me ha pedido...

Desamortización.

Comentamos Marta y yo una carta abierta que la prebostilla saliente ha dirigido a todos sus paisanos (bueno, a una parte minoritaria de ellos, mas bien). 

A Marta le han extrañado algunos pasajes del texto y en concreto me ha pedido que le explique eso que dice la prebostilla sobre cómo los que vienen “quieren desamortizar los servicios públicos”.

Vaya palabrejas: “amortizar”, “desamortizar”. ¿Qué significan exactamente? O, mejor dicho,  ¿cómo han llegado a adquirir sus diversos significados actuales?.

En la Edad Media se usaba el verbo admortizare, sobre todo para definir el acto de apagar una vela. Admortizar era dar muerte a la llama, retirarla de la actividad. 

En sentido analógico, cuando un deudor redimía una deuda, por ejemplo cuando terminaba de pagar la hipoteca por el uso de una tierra, la estaba también, desde el punto de vista del propietario, “amortizando” porque al pagar, era como si se estuviese dando muerte al negocio que hasta ese momento estaba haciendo con la operación el dueño de la tierra.

Por las mismas, en sentido analógico, amortizar era retirar un bien raíz (una finca, una casa…) de la circulación comercial. Esto ocurría, entre otros casos, cuando se donaba cierto bien a la Iglesia, ya que según el derecho medieval, con la donación, el bien quedaba vinculado para siempre a su nuevo propietario (la Iglesia), no pudiendo ser vendido posteriormente. Esto es, el bien donado quedaba “amortizado". Se apagaba su llama en el contexto de la vida mercantil.

Esta utilización del medieval admortizare, nos explica que amortizar signifique en nuestros días varias cosas distintas: a) ir extinguiendo una deuda, b) cancelar una inversión c) anotar en la contabilidad el deterioro periódico de un bien, y d) quitar de la circulación (suprimir) algún puesto en un organismo o empresa. En todas estas acepciones está presente la idea de neutralizar la vigencia económica de algo.

También entendemos que si en el medievo admortizare significaba, como hemos visto, pasar un bien a las “manos muertas” de la Iglesia o los señores feudales, entonces, la palabra desamortización podría significar el imperativo legal de poner esos bienes amortizados en el mercado. Con esto se comprende por qué la famosa Desamortización de Mendizábal tenía ese misterioso nombre: se trataba tan solo de forzar a la Iglesia y al estamento nobiliario a poner en el mercado sus bienes vinculados, o “muertos.” Y dinamizar con ello la actividad económica (otra cosa es que aquello saliese bastante mal).

Cuando la prebostilla saliente dice en la ya famosa carta abierta de anteayer que los nuevos gobernantes que la sustituyen “quieren desamortizar los servicios públicos”, no queda nada claro lo que en verdad quiere decir. 

Da la impresión de que nos pone en alerta respecto a un intento de cancelar o privatizar servicios. 

Pero si es lo primero, debería haber dicho “amortizar”, justo lo contrario de lo que ha escrito. 

Y si es lo segundo, está asumiendo, de algún modo, que hasta ahora buena parte de esos servicios estaban en manos muertas. 

Y es posible que en eso, lleve toda la razón. 


Ene 14
El político, la vaca y la lira.
En un reciente período electoral, cierto prebostillo periférico consiguió algo de notoriedad porque en uno de los actos de su campaña, hizo ademán de conversar con una vaca.
Acaso pretendía mostrar de ese modo su...

El político, la vaca y la lira.

En un reciente período electoral, cierto prebostillo periférico consiguió algo de notoriedad porque en uno de los actos de su campaña, hizo ademán de conversar con una vaca. 

Acaso pretendía mostrar de ese modo su afecto hacia el mundo agropecuario, no menor por supuesto que el que ofrece al sector industrial o de servicios. No lo tengo claro.

Ayer o anteayer, en vista de que dicho prebostillo va a ocupar una ansiada magistratura, han vuelto a comentar los medios aquel llamativo episodio de zoolalia política, y en algún lugar he leído que le ponían al buen hombre tacha de prosaico por aquella su breve cháchara con el ganado.

¿Prosaico? ¿Prosaico hablar con una vaca? 

En absoluto. Debo aclarar que eso es algo muy lírico. 

Es más, estamos ante la esencia misma del lirismo.

En la antigua Grecia encontramos el mito de Kerambos, que nos ha llegado a través de Antoninus Liberalis. Por este mito sabemos que existía una especie de equivalencia entre la vaca y lo que era el símbolo mismo de lo lírico, a saber, la lira.

En el Himno a Hermes, Homero ya nos dice que ese dios es, ante todo, dos cosas: el inventor de la lira y el ladrón de vacas  (“nacido al alba, tañia la lira al mediodía y por la tarde robaba las vacas del certero Apolo”). 

De hecho, en uno de los pasajes del mencionado himno, el autor ya plantea una cierta equivalencia mercantil entre la lira y las vacas. 

La misma idea la encontramos en un poema grabado en mármol en el santuario de Arquíloco, dedicado a Apolo y a las Musas, en las afueras de Paros. El poema inscrito en la piedra nos cuenta cómo el hijo de Telesikles, pastor él, vio que una de sus vacas desaparecía como por arte de magia, y una lira ocupaba su lugar, prodigio que atribuyó a las musas y que le impulsó a la construcción del santuario a ellas dedicado. 

¿De dónde viene esta relación entre la vaca y la poesía? Hay varias formas de ver este asunto. Y sin duda el prebostillo en cuestión, cuando decidió departir amigablemente con la vaca, estaba al tanto de todas ellas. Algo me dice que estamos ante un humanista.

En primer lugar, las líneas que el poeta escribe en el papel nos evocan los surcos que el buey va marcando sobre la tierra. Esto es obvio.

De hecho, la forma más primitiva en la que los poetas griegos escribían sus obras, trazando un renglón de izquierda a derecha y el siguiente de derecha a izquierda, llamábase bustrofedon, que significa “giro del buey” por parecerse al ir i venir del buey sobre el campo de labor. Bustrofedon viene de bous, que es buey, y de estrofe, que significa giro. Estrofe es, claro, el mismo término que nos dará estrofa, para referirnos a los componentes estructurales del poema.

En segundo lugar, el poeta en Grecia es ante todo un constructor. Poieo es el verbo griego que está detrás de la palabra poesía y significa tan solo hacer, crear, fabricar…Cuando en castelllano decimos hemopoiesis, por ejemplo, estamos refiriéndonos al proceso biológico de fabricación de sangre en el cuerpo. 

Ahora bien, el buey también es un constructor. Solo con bueyes se pueden acarrear los grandes bloques de mármol que hacen posible levantar un edificio. Por eso, Arquitectura y Poesía son hermanas para los griegos. Píndaro compara en sus odas la creación de un poema con la construcción de edificios, a cuyas fachadas llama con una palabra vinculada a la poesía.

Y, en fin, por si tuviéramos dudas, la propia palabra “bucólico”, que viene a indicarnos la connotación lírica de la Naturaleza en su forma más prístina, es también un término que nos evoca la relación con los bóvidos. Bucólico deriva de bou y kolos, es decir, de vaca y de cuidar o explotar. 

Y, claro está, en Virgilio y sus Bucólicas encontraríamos la más sublime y canónica expresión de esta vinculación esencial entre lo pastoril y lo lírico.

Creo por tanto que han sido muy injustos los periodistas al no reconocer el verdadero significado de aquella memorable plática entre el prebostillo y el rumiante. 

Yo me atrevo a aventurar que dicho prebostillo, quien al parecer no tardará en ocupar su ansiado sillón de mandamás meridional, se limitó a hacernos un guiño cómplice y sabio, al objeto de sugerirnos su intención de pastorear líricamente a sus conciudadanos y convertir el territorio bajo su mando en una Arcadia feliz y, sobre todo, bucólica. ¿Alguién duda de que lo conseguirá? Por Zeus que así habrá de ser.


Ene 12
Sin fin.
Hay cuatro cosas que siempre me han parecido interminables.
Las tardes del agosto castellano bajo el sol de justicia.
Subir el puerto de Navacerrada en bicicleta.
El aburrimiento.
Hablar con un idiota.

Sin fin.

Hay cuatro cosas que siempre me han parecido interminables.

Las tardes del agosto castellano bajo el sol de justicia.

Subir el puerto de Navacerrada en bicicleta.

El aburrimiento.

Hablar con un idiota.


Olvido.
Todo hombre es muy comprensivo en el fondo y carente de rencor; siempre olvida el mal que ha hecho…

Olvido.

Todo hombre es muy comprensivo en el fondo y carente de rencor; siempre olvida el mal que ha hecho…


Amistad.
Se te muere un amigo y nadie te da el pésame. Pero sí te acompañan en el sentimiento cuando fallece un familiar. Hay algo extraño en eso.
Después de todo, los amigos son como una familia que elegimos nosotros.
Mientras que los de la familia...

Amistad.

Se te muere un amigo y nadie te da el pésame. Pero sí te acompañan en el sentimiento cuando fallece un familiar. Hay algo extraño en eso. 

Después de todo, los amigos son como una familia que elegimos nosotros. 

Mientras que los de la familia son como unos amigos que el Destino ha elegido.  A veces con acierto, es verdad.


Tiempo de Infamias.
Disfrutamos viendo una colección de posters propagandísticos de la Guerra Civil. Es un regalo maravilloso que me han hecho estas navidades, con las creaciones geniales de artistas de la talal de Parrilla, Melendreras, Monleón y...

Tiempo de Infamias.

Disfrutamos viendo una colección de posters propagandísticos de la Guerra Civil. Es un regalo maravilloso que me han hecho estas navidades, con las creaciones geniales de artistas de la talal de Parrilla, Melendreras, Monleón y muchos otros.

Al hilo de esos posters que vamos examinando, con creciente asombro, Marta me dice que a lo mejor algún día se hace una serie sobre la Segunda República Española y la Guerra Civil. ¿Por qué no?

A mí me parecería muy bien. Siempre que la producción se hiciese con cierto rigor histórico, si es que decir esto no es un oximoron. Pero lo interesante, le digo a Marta, no sería la guerra civil en sí misma, porque al fin y al cabo todas las guerras son en esencia muy parecidas. Lo interesante sería narrar cómo se llegó a aquella guerra. El camino por el que las guerras se desencadenan es lo único que nos enseña algo. Si acaso.

-¿Te refieres a obtener lecciones para el presente?

Sí. Sería muy interesante que los tipos de Netflix o HBO se animasen a hacer una serie sobre el período terrible que va desde Abril del 31 a Julio del 36, es decir, sobre la cadena de movimientos sociales y políticos que condujo fatalmente al conflicto bélico español. Tal vez aprenderíamos algo de cara al momento actual, que en no pocos aspectos evoca los turbulentos años 30.

–¿Cómo se podría titular esa serie?

–Pues a mí se me ocurre “Tiempo de Infamias” que suena bien y hace justicia a aquella conyuntura histórica. Podríamos usar también otros sustantivos y adjetivos. Qué se yo: majadería colectiva, barbarie recíproca, despropósito masivo, irresponsabilidad, brutalidad generalizada…pero lo cierto es que la palabra infamia sintetiza muy bien todo lo que ocurrió en aquel período.

–Te referirás a la infamia de la conspiración y el golpe de estado franquista, quiero pensar.

–Pues no solo. En realidad, aquellos tiempos fueron una sucesión de múltiples infamias. De un lado y del otro. A cada movimiento brutal, sedicioso, majadero o irresponsable de una parte del espectro político, le sucedía otro movimiento brutal, sedicioso, majadero o irresponsable de la parte opuesta. Esa es la dinámica de los desastres sociales. Siempre es así. Y digo esto  sin negar que la responsabilidad última del comienzo de aquella cadena de infamias y la de su terrible desenlace bélico, haya que atribuirla a más bien las fuerzas reaccionarias y conservadoras . Fuerzas que al final vencieron, pero no convencieron, por usar la famosa expresión atribuida a Unamuno, que por cierto, fue un notable defensor del golpe de Estado.

–¿Podrías ser más específico? ¿Podrías serlo en pocas palabras y no con tu habitual facundia? ¿Cuáles serían los episodios de esa serie en la que Netflix nos contaría la “sucesión de infamias”, como tú dices?

–Pues el episodio piloto lo titularía yo como “Crisis”. Sería una especie de puesta en escena en la que se describiría la atmósfera fragilidad en la que nacía y daba sus primeros pasos el nuevo régimen repúblicano del 31. Un regimen, que se debatía en el contexto de la enorme crisis económica global del 29, del emerger de los totalitarismos a escala planetaria, de la desconfianza hacia las élites políticas en todo el mundo y del sorprendente poder en España del anarquismo más irredento, que contaba aquí con más de dos millones de afiliados a su sindicato. Algo asombroso e inédito en el mundo. Y una clave para entender todo lo que pasaría después.

–De acuerdo. Eso sería el prólogo. Pero vamos con la primera infamia de la sucesión.

–El primer episodio de la serie, propiamente dicha, yo lo titularía Casas Viejas. Ese es el nombre con el que ha pasado a la Historia la insurrección anarquista de Enero de 1933. Fue la primera gran infamia de la cadena. Aquella insurrección culminó en un baño de sangre a cargo de las fuerzas del orden en el pueblecito gaditano de Casas Viejas. Se rumoreó incluso que el propio jefe de Gobierno progresista-Azaña-había incitado a la barbarie policial, con la infame frase, que en realidad nunca pronunció, de “¡tiros a la barriga!”.

Casas Viejas evoca una infamia por partida doble. Infamia en la insurrección, que fue violenta e ilegítima, pues se alzó contra un gobierno democrático y, en principio, progresista. Pero aún más infamia si cabe, en el aplastamiento brutal y sangriento de la insurrección por parte de un Gobierno de izquierdas.

Y con el infame levantamiento anarquista  y con la no menos infame represión por parte del gobierno, se selló la división de las fuerzas de que habían hecho posible el cambio de régimen dos años antes. El sistema electoral, que primaba enormemente las coaliciones y que había hecho posible el esperanzador milagro de las Cortes Constituyentes del 31, ahora no tardaría en jugar en contra de una izquierda que ya no sabría unirse de nuevo hasta la llegada del Frente Popular. Y aún entonces, lo haría malamente, a regañadientes y con desastrosas consecuencias. Pero no adelantemos acontecimientos.

–Exacto. Paso a paso. Episodio a episodio.

–O infamia tras infamia. El segundo episodio de la cadena, lo titularía como “Caos” o algo similar, y fue una consecuencia directa de Casas Viejas y de la atmósfera de insoportable anarquía e inestabilidad con la que se iniciaba aquel oscuro año de 1933. La voz de alarma ya estaba sonando bien alto entre las fuerzas conservadoras. Las revueltas callejeras aumentaban. Se percibía un ambiente de golpe de estado inminente contra el agotado gobierno de izquierdas (como la intentona del verano anterior, a cargo del General Sanjurjo). Se planteaba un recurso al totalitarismo que pudiese salvar a la patria en peligro. 

-¿Tan mal estaban las  cosas en aquellos tiempos para la democracia?

-Era casi un problema global. Pensemos en que en ese mismo año Mussolini estaba en el auge de su fuerza, y Hitler se las había arreglado para conquistar todo el poder en Alemania. El ejemplo internacional para los reaccionarios españoles era obvio. En ese contexto fue en el que tuvieron lugar las elecciones de 1934, en las que la derecha integrista y ya muy bien unida por el aglutinante católico, militar y financiero aplastó electoralmente a una izquierda dividida y desorientada. 

La infamia aquí también incluiría el cainismo de los progresistas y la incapacidad de las fuerzas de izquierda para unirse, siguiendo una especie de fatalismo histórico que ha echado a perder tantas oportunidades al progreso social y libertad en España.

–Comprendido. Pues vamos con el tercer episodio. Ya hemos visto “Casas Viejas”, y “Caos”, además del prólogo

–Yo titularía el tercer episodio como “Revolución”. 

-Estábamos en las elecciones de 1934, en las que renació en las urnas la gran derecha.

-Sí. Y sucedió que la derrota de las izquierdas en aquellas elecciones del 34 fue muy mal digerida por los vencidos. Y germinó una nueva, masiva y violenta insurrección contra el gobierno de derechas, que no estaba tardando nada en desmontar sin contemplaciones la legislación progresista en material laboral y de reforma agraria recién implantada por los gobiernos anteriores.

-O sea, otro año de inestabilidad en las calles…

-Exacto. Pero la nueva insurrección del 34, no menos infame que la del 33, fue esta vez promovida no solo por el anarquismo, sino por las mismísimas fuerzas socialistas. Se declaró la Huelga General Revolucionaria. Se asaltaron cuarteles y ayuntamientos, especialmente en Asturias. Se asesinó a guardias civiles y a sacerdotes. Y se extendió el desorden por todo el país. En Barcelona, Companys, que solo hacía unos meses había ocupado el cargo de ministro del gobierno español, declaraba por su cuenta y riesgo la independencia de Cataluña. Y en esa misma Cataluña, Manuel Azaña había estado tanteando poco antes la posibilidad de crear un gobierno español alternativo al de Madrid con sede en Barcelona…¡el mismísimo Manuel Azaña!.

–¿Y que ocurrió entonces?

–Ocurrió lo esperable. El nuevo gobierno de derechas orquestó la brutal represión militar de la Huelga General Revolucionaria (poniendo al mando de ella a a un joven general llamado Franco). Las calles se llenaron de sangre y las cárceles de activistas.  

Este sería el cuarto de episodio de la serie y creo que podría titularse “Represión”. Sería un episodio lleno de fuego y furia. Mucha acción, tristemente.

–Vamos con el siguiente, que esto se está haciendo eterno.

–Pues las izquierdas no tuvieron más remedio que reorganizarse ante la prepotencia de un gobierno implacable de derechas que además ya coqueteaba sin reparos con movimientos totalitarios al estilo italiano o alemán. El cemento para dar cohesión a esa unión de izquierdas era sobre todo la necesidad de sacar de las cárceles a los miles de sindicalistas y líderes políticos encerrados tras las revueltas del 34. Así surgió el Frente Popular al que se incoporarían, junto con comunistas, socialistas y azañistas otras fuerzas muy diversas, tales como Ezquerra Repúblicana o los anarquistas. Fuerzas que, insisto en ello, discrepaban enormemente entre sí, y solo se incoporaban al Frente Popular por la necesidad de sacar a sus gentes de las cárceles con una amnistía. Solo por eso. Sería una unión artificiosa que no podría sino entrar en crisis una vez comenzada la guerra inminente con consecuencias funestas para el régimen legítimo.

Esas izquierdas frágilmente agrupadas en el Frente Popular consideraban además una provocación y una amenaza insoportable que el nacional-catolicismo entrase también en el gobierno, de la mano de un líder ambicioso, prepotentge y temible como Gil Robles, una especie de Mussolini confesional e ibérico, salvando las grandes distancias. 

Le reorganización de las izquierdas en el Frente Popular, y la permanencia del caos y la inestabilidad callejera aceleró las tentaciones involucionistas del gobierno en el poder. Se percibía el riesgo evidente de un golpe de estado desde dentro. Los militares maniobraban y conspiraban. Franco se ofrecía sin pudor a Gil Robles para poner el ejército que ya comandaba al servicio del “orden”. 

El gobierno provisional (en funciones hasta la constitución del que saldría de las urnas) especulaba con la posibilidad de declarar el Estado de Guerra en todo el país, lo que hubiera sido la condición suficiente para el autogolpe. Y quizá ese golpe interior hubiese llegado sin remedio a finales del 35 de no ser porque el Jefe del Estado, el progresista Alcalá Zamora, decidió in extremis disolver las cortes y convocar las elecciones del 36, el 8 de Enero de ese mismo año. Con ello, el Jefe del Estado esperaba que las izquierdas reorganizadas pudiesen neutralizar a través de las urnas a un gobierno que mostraba claras veledidades reaccionarias e involucionistas. 

Con esa convocatoria electoral del 36 se concluiría el Cuarto episodio de la serie que no tendríamos más remedio que haber titulado como “Frente

–Claro, Frente, de Frente Popular. Pero entiendo entonces que estamos ya muy cerca del último episodio. Menos mal. 

–Sí. Ya vamos terminando.

–Pues no estoy segura de que Netflix te comprase el guión de algo tan largo y complicado. Estoy hecha un lío con tanta insurrección y tanta represión subsiguiente. Y tampoco me queda claro a quién le adjudicamos, en lo último que me has contado, el sambenito de la infamia. Supongo que a ambas partes a la vez…pero vamos, concluyamos. ¡Siguiente y último episodio, por favor!

–El episodio final se llamaría algo así como “Revancha y Golpe”, aunque no me acaba de convencer ese título. Pero tiene sentido. Porque lo que ocurrió es que las izquierdas agrupadas se pudieron tomar la revancha al ganar, con una amplia mayoría en el Parlamento, las elecciones de Enero del 36, como tal vez esperaba el Jefe del Estado cuando las promovió. Pero ¡cuidado! ganaron solo en escaños. En realidad, las izquierdas perdieron en votos. Ocurre que el sistema electoral, como en las elecciones del 31 y del 34, primaba muchísimo a las coaliciones como la que el Frente Popular acababa de formar. 

Sin embargo, el Frente Popular obvió el hecho indiscutible de que el país estaba dividido en dos mitades y que una ligera mayoría social, si acaso, correspondía a la derecha. Y surgió otra vez el revanchismo cainita tan característico de la historia española. Los seguidores de las izquierdas se tomaron la justicia por su mano y no esperaron siquiera a la esperada amnistía para que salieran de las cárceles sus presos. Se asaltaron los centros penitenciarios y se abrieron por las bravas sus puertas. Por todo el país se respiraba un aire de venganza y violencia. El gobierno en funciones, cuando todavía el Frente Popular no había ocupado el poder, amagaba con declarar nuevamente el Estado de Guerra en todo el país (y ya se había declarado el previo Estado de Alarma al día conocerse los resultados de las votaciones). 

Ante la amenaza del Estado de Guerra, el Jefe del Estado, indebidamente y sin respetar los procesos y procedimientos legales, maniobró para dar paso al nuevo gobierno frentista. La suerte entonces estaba echada, porque los militares se sentían ya plenamente legitimados para actuar, ante el desorden y los atropellos institucionales. Estaban convencidos de que había que movilizar a la tropa y ocupar el poder por las armas. Y así fue como tuvo lugar el llamado “alzamiento” del 36. Alzamiento, sí, un burdo eufemismo para denominar lo que fue un puro golpe de Estado militar. 

–O sea, que nuevamente estamos, en este episodio final, ante una infamia por parte de todos. 

–Una infamia colectiva. Todo el mundo fue culpable, por más que ante aquel golpe de estado que ocasionó un colosal baño de sangre, no nos podamos mantener neutrales, claro está.  Pero lo cierto es que todo el período de aquellos 5 años, entre Abril de 1931 y Julio de 1936 fue un encadenado de infamias.

–¿Y cuál sería la lección que podríamos sacar de aquel encadenamiento de infamias?¿Qué moraleja tendría la serie de Netflix que te has sacado de la cabeza?

–Pues justamente la idea misma del encadenamiento. En la dinámica social, una infamia lleva a otra infamia. Una barbarie lleva a otra barbarie. Una imprudencia lleva a otra imprudencia. Eso es todo lo que podemos aprender de la Historia. Y eso es lo que debería hacer a los políticos y líderes sociales mucho más prudentes y cautos de lo que usualmente son. Las infamias las carga el diablo. 

–Entonces, a tu juicio, ¿ningún tiempo está a salvo de convertirse en “tiempo de infamias”?

–No. Si el número de líderes irresponsables y temerarios sobrepasa cierta masa crítica. Pero dejémoslo ahí. 


Ene 8
Statistik
Creo que. cada vez más, la gente piensa que las encuestas y las estadísticas, como las que estos días proliferan en las portadas de los diarios, están más que al servicio de la verdad, a la orden de quienes las promueven, pagan o...

Statistik

Creo que. cada vez más, la gente piensa que las encuestas y las estadísticas, como las que estos días proliferan en las portadas de los diarios, están más que al servicio de la verdad, a la orden de quienes las promueven, pagan o elaboran.

Toda estadística, entonces, viene a ser sospechosa de estar al servicio de alguien. 

Y si la estadística o la encuesta proviene del gobierno, pues parece que hay aún doble razón para la duda.

Esto nos hace recordar que la estadística es un invento de los poderes públicos. Al menos lo es la palabra misma.

Fue un funcionario del Estado Prusiano, un tal Godofredo Achenwall, a mediados del XVIII, quien acuñó la palabra Statistik y abrió, como pionero, el camino a una disciplina que en principio debería compartir método con las ciencias empíricas, pero que en la práctica se antoja más similar al arte o a la artesanía. O a la técnica culinaria, por supuesto.


Ene 7
Feliz y Afortunado.
Me pregunta Marta, sabedora de mi afición a los números, si el 2019 tiene algo de especial.
En realidad, le contesto, hasta dónde yo se, el 2019 es un número de lo más vulgar. Vulgarísimo. Lo cual, paradójicamente, podría hacer de...

Feliz y Afortunado.

Me pregunta Marta, sabedora de mi afición a los números, si el 2019 tiene algo de especial.

En realidad, le contesto, hasta dónde yo se, el 2019 es un número de lo más vulgar. Vulgarísimo. Lo cual, paradójicamente, podría hacer de él algo especial.

No es el 2019 primo, ni es vecino a ningún primo. No pertenece a la mágica serie de Fibonacci. No es un número de Bell. No es un número catalán. Su valor en binario o en octal es totalmente anodino y no nos dice nada ni su raíz cuadrada ni su logaritmo decimal o natural.

A lo sumo, forzando un poco las cosas, podríamos decir que la suma de sus factores (3 más 673) es un cuadrado palíndromo (cuadrado de 26), pero es el primer cuadrado palíndromo cuya raíz no es también palíndrómica (los cuadrados palíndromos son 1,4,9,121,484,676…Los cinco primeros números de esta serie tienen raíz palindrómica, no así el sexto, que es el que nos ocupa).

Y también, apurando aún algo más, podríamos afirmar que el 2019 es lo que los expertos denominan un número afortunado

La sucesión de números afortunados se obtiene comenzando con la serie de números naturales y tachando cada segundo número, lo que deja la serie como 1,3,5,7,9,11,13, 15… Luego se tacha cada tercer número, lo que deja la serie en 1,3,7,9,13,15,21…Y se  prosigue del mismo modo, tachando cada cuarto número, luego cada quinto número, etc..

Los números que se salvan de la tachadura son los afortunados. Y sucede que el 2019 es uno de elllos.

Y en fin, mirándolo bien, el 2019 es un número feliz, en la terminología de la Teoría de Números. 

Los números afortunados son aquellos en los que podemos tomar la suma de sus dígitos, elevarla al cuadrado y volver a hacer lo mismo hasta llegar al 1. En los números que no son felices esta iteración entra en bucle.

Y, por último, el 2019 es, lo siento mucho, una potencia apocalíptica. Ocurre un número es potencia apocalíptica si al elevar el 2 a ese número se obtiene un guarismo en el que, en algún lugar aparezca el 666. O sea que si calculas 2 elevado a 2019, acabarás encontrando en algún lugar la secuencia de la bestia…Prueba a hacerlo.

Pero en realidad, hay muchos números anteriores al 2019 que son potencias apocalípticas. Por ejemplo el 2008 o el 2003 o incluso el 1995. Y que yo recuerde en aquellos años, no sucedió ninguna tragedia cósmica.

Por lo tanto, me quedo con que el 2019 es feliz y afortunado. A lo sumo.


Ingénieurs sociaux
Según leo en las noticias, ayer, día de Epifanía, y siguiendo una inveterada costumbre, no pocos de los Reyes Magos que salieron por las calles en procesión fueron de algún modo instrumentalizados. Con ello se convirtió una vez más...

Ingénieurs sociaux

Según leo en las noticias, ayer, día de Epifanía, y siguiendo una inveterada costumbre, no pocos de los Reyes Magos que salieron por las calles en procesión fueron de algún modo instrumentalizados. Con ello se convirtió una vez más a los actores coronados en portavoces de alguna opción política o ideológica.

Pero es que siempre ha sido así. Desde hace siglos

Los Magos siempre han servido a las necesidades sociales.

Para Trexler, estos personajes, mediante su oportuna instrumentación de acuerdo con cada circunstancia histórica, han sido los principales “ingénieurs sociaux” en la evolución del mundo occidental. 

Le Goff (nada menos) también pensaba lo mismo.

Nacieron y se consolidaron los Magos, en tiempos del poder romano, y en número indeterminado, para justificar una cierta idea de subordinación del poder secular al religioso. O una deseable conjunción de ambos poderes.

Siendo meros sabios, se convirtieron en reyes, más o menos en tiempos de Carlomagno, para afianzar la superioridad del poder monárquico sobre el universo feudal. 

Pasaron de dos a tres cuando Occidente ya empezaba a soñar su hegemonía sobre Oriente, lo que requería el elemento diferencial y exótico que aporta el tercer personaje. Un tercer personaje que incluso se feminizó en ocasiones, para transmitir una universalidad aún mayor.

Así que la procesión de los tres reyes por las calles de Europa y América, acompañados de su abundante séquito, nunca ha dejado de cumplir una función clave en términos de jerarquización y articulación social. 

A veces de forma negativa. Con su proscripción.

La Revolución Francesa, a partir de 1792,  sustituyó la festividad de los Magos por La Fête des Sans Culottes y prohibió a los pasteleros el horneo del Gateux des Rois, so pena de ser acusados como “pasteleros liberticidas”.

Pero, eso sí, se permitió que en los obradores se preparase el alternativo “Gateaux de la Liberté”, de forma y tamaño similar al pastel liberticida. 

Con alborozo se siguió consumiendo en Francia, con otra denominación, el bollo de reyes, para celebrar merendando la fiesta revolucionaria que sustituyó a la Epifanía.

Cambiaba el nombre, pero el bollo permanecía. 

Como casi siempre.


Ene 6
Ética y Estética.
Me dice un amigo que no debería pasar este año sin que se convirtiese el Valle de los Caídos en un museo-recordatorio de la barbarie, al estilo Auschwitz.
No estoy seguro de que esa sea la solución deseable.
Auschwitz está en un...

Ética y Estética.

Me dice un amigo que no debería pasar este año sin que se convirtiese el Valle de los Caídos en un museo-recordatorio de la barbarie, al estilo Auschwitz.

No estoy seguro de que esa sea la solución deseable. 

Auschwitz está en un páramo remoto, al que solo llegas después de un interminable viaje de dos horas desde Cracovia. Y está envuelto casi siempre en la niebla. Acaso tiene sentido que se haya conservado todo aquello como tristísimo parque temático del horror.

Pero el Valle de los Caídos es diferente. 

No solo es el mausoleo que un dictador tristemente longevo, que gustaba de entrar en los templos bajo palio, como las hostias consagradas o los príncipes de la Iglesia, ordenó construir para sí mismo, no muy lejos del pudridero de San Lorenzo, por no ser menos que los autócratas coronados que le precedieron.

Ciertamente, desde la Cuarta Dinastía, a ningún otro tirano del mundo se le había ocurrido ordenar un disparate funerario tan colosal como el Valle de los Caídos, que es un monumento faraónico en un sentido muy propio, pues la cruz (y no es casualidad) tiene virtualmente la misma altura que la pirámide de Keops, y la edificación fue también hecha, como aquella pirámide, por decenas de miles de brazos esclavos (de los que se aprovecharon por cierto las constructoras que luego progresaron en el establishment económico franquista, como Agromán y Huarte, que por cierto jamás han recibido reclamación alguna para responder por su aprovechamiento).

Además de todo esto, que ya es triste y a estas alturas casi insoportable, lo que pasa es que el pegote mortuorio en el corazón de la Sierra es feo. 

Feo como la más fea arquitectura fascista. Feo como un sindicato vertical. Feo como las mujeres de la sección femenina aprendiendo costura. Feo como aquellos coros y danzas haciendo volutas en el Bernabeu. Feo como los festejos veraniegos que el Caudillo organizaba en La Granja con cantantes y bailarines. Feo como la censura. Feo como el hambre. Feo como los paredones.

Y lo peor es que se levanta en el lugar más prominente del Guadarrama. Visible desde todas partes. 

Me daña a mí en los ojos ese engendro siniestro cuando, como anteayer mismo, subo a Cabeza Mediana y miro al Oeste, hacia La Mujer Muerta.

Me daña en la sensibilidad cuando me dirijo hacia el paraíso de La Jarosa. 

O cuando asciendo a la Fuenfría. 

O cuando desde Galapagar evoco la mirada con la que Velázquez pintó los perfiles de la Maliciosa. 

O cuando, como haré dentro de unos minutos, pedaleo despacito hacia el Alto del León, la cumbre que anticipó a Napoleón los sufrimentos de la Grande Armée en Rusia y a la que Serrano Suñer ordenó en 1939 que se conociese como Alto de los Leones, acuñando jerga imperial en honor de no se qué escaramuza  bélica que por lo visto los falangistas protagonizaron en esas cumbres, en tiempos del fracasado asedio faccioso de Madrid. 

Es de esperar que el 2019, octogésimo aniversario del éxito del golpe de estado, se haga por fin algo al respecto del fúnebre y funesto Valle de los Caídos y su inquilino de triste memoria. 

Por ética y por estética.

Y no solo será hacer justicia con la Historia. 

También será, de paso, hacer justicia con el paisaje.