Joludi Blog

Oct 21
Sobre la utilidad de la filosofía.
Paro en una gasolinera a cargar el depósito. Marta como de costumbre, sale conmigo a pagar, porque sabe que siempre suelen caer unas chuches.
Mientras nos acercamos a la caja, Marta, me va diciendo, como si tal...

Sobre la utilidad de la filosofía.

Paro en una gasolinera a cargar el depósito. Marta como de costumbre, sale conmigo a pagar, porque sabe que siempre suelen caer unas chuches.

Mientras nos acercamos a la caja, Marta, me va diciendo, como si tal cosa, que no puede comprender lo que es el espacio…que no entiende cómo se ha creado el universo…que no se explica por qué existen las cosas…

Yo escucho perplejo mientras camino despacio hacia la caja. Y me doy cuenta una vez más que el pensamiento filosófico ocupa realmente un lugar crucial en la mente del niño, cuando llega a los 10 o 11 años.

Lo filogenético tiene su paralelo en lo ontogenético. Es decir, la especie y el individuo parecen evolucionar de forma similar. Como en tantos otros ámbitos. Porque ,de alguna manera, al igual que en la infancia de la Humanidad (asumamos que fue allá por el siglo V antes de Cristo) surgió el pensamiento filosófico en todo su esplendor, con el prodigioso trabajo de análisis de los grandes griegos, de igual manera, también en la infancia del individuo, hacia los 11 años, se produce una eclosión maravillosa de ese asombro primigenio ante lo real o lo aparente (el asombro es el “zaumaxo” de los griegos, que ellos consideraban como origen de toda reflexión filosófica).

Es un tema apasionante. Merece la pena investigar a fondo por qué los niños filosofan con tanto entusiasmo.

Y, desde el punto de vista práctico, a mí me encanta que mi hija que haga preguntas dificilísimas de este tipo. Para empezar, me divierte mucho intentar responderlas, poniendo todo lo que sé o creo saber al servicio de la respuesta. En general, acabo explicándola que la mayoría de las preguntas aparentemente difíciles de responder, surgen tan sólo por la incapacidad del lenguaje para ajustarse a la realidad que experimentamos. Se me ve el plumero positivista-lógico, pero no puedo evitarlo. Tengo que corregirlo.

Pero lo que más me gusta de estas preguntas filosóficas de Marta es que resulta me ayudan a establecer un estupendo canal de comunicación con ella.

Quién me lo iba a decir. Me estrujo los sesos para encontrar temas de conversación con ella y resulta que lo que funciona de verdad es hablar con ella sobre cómo podemos estar seguros de que existimos, cómo podemos tener certeza de que sabemos algo, cómo nos podríamos asegurar de que las cosas son tal y como las percibimos, y así sucesivamente.

He aquí, entonces, una maravillosa aplicación práctica de la filosofía, tantas veces vituperada por su “inutilidad”.

Si la filosofía nos ayuda a comunicarnos con nuestros hijos, pues entonces es tan útil, como mínimo, como el cálculo diferencial.

Este tema de los niños y la filosofía es tan interesante que hay ya bastante bibliografía al respecto. Uno de los mejores libros, me parece, se titula “Philosophy for Kids: 40 Fun Questions That Help You Wonder About Everything”, escrito por David A. White. Está escrito no para los adultos, sino para ellos, los niños. Es una delicia. Y a mí me parece que trabaja en la dirección correcta para estimular la espiritualidad y la capacidad reflexiva en el desarrollo interior del niño.