Joludi Blog

Jul 16
Cantantes.
La palabra chantaje la inventó, a mediados del siglo XIX, Honoré de Balzac, buen conocedor de la otra gran Comedia, la no divina, la muy humana. En “Un Grand Homme de Province”, un personaje llamado Lousteau reconoce que para conseguir...

Cantantes.

La palabra chantaje la inventó, a mediados del siglo XIX, Honoré de Balzac, buen conocedor de la otra gran Comedia, la no divina, la muy humana. En “Un Grand Homme de Province”, un personaje llamado Lousteau reconoce que para conseguir cierta suma ha tenido que hacer “un peu de chantage”. Lucien, su interlocutor, le pregunta qué cosa es el “chantage”, pues afirma que ignora el significado de tal neologismo. Lousteau explica entonces que el chantage es una invención de la prensa inglesa, recientemente importado a Francia, si bien aclara que el verdadero pionero del procedimiento de extorsión sería Pedro. Se refiere, claro está a Pedro. A Pietro de Arezzo, il Aretino, aquel poeta obsceno y genial de la Italia renacentista, que quitaba y ponía reyes con sus sonetos burlescos, sus conspiraciones, sus amenazas, sus geniales “ricattos” y al que hasta el mismísimo Emperador Carlos V temía tanto que incluso le consentía cabalgar a su lado, cosa nunca vista.

El personaje de Balzac continúa aclarando que chantage viene de cantante (chanteur), y que los “cantantes” son agentes de la prensa dedicados a encontrar hombres que por alguna razón no quieren que nadie se ocupe de ellos, que nadie “cante” sus andanzas.

“Hay muchas fortunas sospechosas en París”, prosigue Lousteau, “obtenidas por vías más o menos legales, a menudo por maniobras criminales, y que suministrarían deliciosas anécdotas: los policías de Fouché implicados en la falsificación de monedas, la historia de los diamantes del príncipe Galathione, el affaire Maubreuil, la herencia Pombreton…” 

“El cantante”, concluye su disertación Lousteau, “consigue los documentos precisos y arregla una cita con su hombre. Y si este hombre comprometido no aporta una cierta suma, el cantante le menciona la prensa que está lista para devorarle, para desvelar sus secretos…El hombre rico tiene miedo. Y financia. Y ya está hecha la cosa.”

Así que “chantaje” es palabra que viene de cantar, que sería lo mismo que el término quevedesco soplar. Pero en la esencia de la palabra está un hombre comprometido por un delito.

No hay chantaje sin delito, al igual que no hay chanson sin letra. 

De modo que no veo yo muy inteligente usar este término, “chantaje”, salvo cuando se acepta reconocer algún acto ilegítimo por parte del chantajeado. Hay otros términos en la lengua castellana más apropiados. 

Pero ocurre que tenemos gobernantes poco duchos en las sutilezas del lenguaje. Y si no, recordemos la brillantemente tautológica y muy memorable frase con la que alguien del Poder nos obsequió ayer: “todas nuestas declaraciones han sido debidamente declaradas a Hacienda”. 

Pleonasmo sublime propio de sublimes cantantes. O de cantamañanas.


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