Joludi Blog

Nov 27
Los superhombres y el consomé.
Aunque Hitler se autoproclamaba un ferviente y practicante católico, lo cierto es que los nazis coquetearon con el ocultismo y la magia de muchas maneras. A iniciativa de Himmler, enviaron expediciones al Tibet...

Los superhombres y el consomé.

Aunque Hitler se autoproclamaba un ferviente y practicante católico, lo cierto es que los nazis coquetearon con el ocultismo y la magia de muchas maneras. A iniciativa de Himmler, enviaron expediciones al Tibet destinadas a encontrar las huellas de una presunta raza de superhombres que habitaban en el interior de las grandes montañas y disfrutaban de un poder mágico llamado “vril”. En la fantasía nazi, aquellos “Señores del Vril” eran sin duda los antecesores de la raza aria. Así que había que encontrar sus trazas a toda costa. Y si de paso se encontraba el secreto del famoso “vril”, pues mucho mejor.
¿De dónde salía la idea del “Vril”? Pues era algo que había mencionado un escritor inglés, pionero de la ciencia ficción, llamado Bulwer-Lytton. En 1870 publicó su libro “Vril, the Power of the Coming Race”.
La fantasía de Bulwer-Lytton cuajó. Y cobró carta de naturaleza. Para muchos ingleses y alemanes, a principios del siglo XX, esa historieta del “vril” era algo indiscutible. Se olvidaron que era pura ciencia ficción.
Hasta tal punto se convirtió el camelo en un lugar común, que surgieron productos comerciales relacionados con el maravilloso “Vril”. Entre ellos, el conocido caldo “Bovril” que a mí de daban de pequeño en forma de consomé y que quizá Himmler y sus secuaces consumían con fruición mientras planeaban la conquista definitiva del mundo por parte del Reich milenario. Curiosamente, una de las razones por las que perdieron la guerra los nazis, fue por el genial engaño que montaron los servicios de inteligencia ingleses para despistar a la Wehrmacht sobre el lugar del desembarco definitivo en Europa.  La ironía es que el espía doble que hizo posible ese colosal engaño tenía como nombre en clave…Bovril. Qué gran humorista es el destino.